Boletín – Abril 2005

Vol. 6 No. 4

 

Contenido:

      1.  La RIDC en la OMC

2.  Proceso de la UNESCO

3.  El AGCS y la cultura

4.  El cine y la Diversidad Cultural.

      5.  Eventos y anuncios

 

 

  1. Noticias de la RIDC

 

La RIDC ante la Organización Mundial de Comercio 

Implicaciones de la convención de la UNESCO sobre las normas de comercio de la OMC

 

Una delegación de la RIDC presentó el caso de la necesidad de una Convención efectiva ante funcionarios clave de los gobiernos y de la OMC en Ginebra, del 20 al 22 de abril. Durante el seminario de la RIDC, que se llevó a cabo como parte del simposio de la OMC, y en una serie de encuentros particulares, la RIDC hizo ver en qué manera las normas de comercio multilateral y las negociaciones actuales en el marco del Acuerdo General sobre Comercio de Servicios (AGCS) continúan restringiendo el derecho que tienen los gobiernos de apoyar a sus propios artistas y productores culturales y restringiendo la diversidad en los medios de comunicación.

El seminario convocó a más de 100 delegados de la OMC y ONGs a una discusión que duró tres horas. Jane Kelsey, miembro del comité directivo de la RIDC y profesora de derecho en la Universidad de Auckland, describió las consecuencias directas e indirectas significativas del AGCS para las políticas culturales y de medios de comunicación. Además de los retos constantes que enfrentan las políticas audiovisuales, las negociaciones actuales en telecomunicaciones y servicios de cómputo pueden representar una amenaza considerable si no toma en cuenta los contenidos culturales, que son parte integral de ambas. Este boletín incluye, más adelante, una copia de la presentación de Jane.

 

Jaques Béhanzin, miembro del comité directivo de la RIDC y presidente de la Federación Africana de Cineastas, examinó las preocupaciones de los países africanos en vías de desarrollo, la necesidad de una Convención fuerte y un mayor apoyo para el desarrollo de la capacidad cultural y de las industrias creativas.

 

Roy Mickey Joy, representante en turno de la Delegación permanente del Foro de las Islas del Pacífico y director de Comercio Exterior de Vanuatu, expuso la forma en que su país fue presionado para liberalizar los servicios audiovisuales durante las negociaciones para incorporarse a la OMC.  Como negociador principal durante las pláticas, reportó cómo los Estados Unidos pidieron compromisos en servicios audiovisuales y cómo su país retiró su solicitud en el último momento, creyendo que el precio de acceso era demasiado elevado. Vanuatu busca ahora retomar las negociaciones sobre acceso partiendo de no realizar compromisos en servicios culturales. Jane Kelsey llamó al proceso de acceso “el secretillo sucio de la OMC”, ya que la presión ejercida sobre Vanuatu es cosa común para otros estados que pretenden incorporarse a la OMC. Un elemento para el proceso de acceso de China incluía un acuerdo de importar anualmente un mayor número de películas de Hollywood.

 

Garry Neil, director ejecutivo de la RIDC y experto en políticas culturales, examinó los avances en la UNESCO para concluir un tratado legalmente vinculante sobre diversidad cultural.  Aunque admitió que aún queda mucho trabajo por hacer para asegurar una Convención efectiva, se mostró optimista respecto a la posibilidad de alcanzar un acuerdo sobre los términos que hagan que la Convención sea equivalente a los acuerdos comerciales. Durante los debates se mostraron algunas reservas en cuanto a la efectividad que puede alcanzar la Convención, dada la situación actual de las negociaciones en París.

 

Los delegados de la RIDC también se entrevistaron con numerosas personalidades, incluyendo al embajador de Canadá en la OMC y a funcionarios de Sudáfrica, Croacia, Francia y de otros países. Entre los encuentros más importantes se encuentran las sesiones con el embajador Alejandro Jara de Chile, presidente del organismo que vigila las negociaciones del AGCS, la embajadora Claudia Uribe de Colombia, recientemente electa Presidenta del Consejo sobre Comercio de Servicios  y Hamid Mamdouh, Director de la División de Comercio de Servicios de la OMC. 

Entre las observaciones relevantes de la delegación de la RIDC se encuentran las siguientes:

 

  1. Los simpatizantes de la diversidad cultural en Ginebra siguen considerándola casi exclusivamente en términos de la industria audiovisual, hay una conciencia limitada respecto a las implicaciones de las cuestiones digitales y a la relación con las ofertas de servicios en telecomunicaciones. La Unión Europea y los Estados Unidos parecen haber alcanzado un acuerdo para mantener el tema de los servicios audiovisuales fuera de la presente agenda de pláticas y por lo tanto cada uno tendrá la libertad de perseguir sus propios intereses.  Para los Estados Unidos esto se da principalmente en los foros bilaterales, donde esperan obtener avances que sean afianzados más adelante de manera multilateral.

 

2. La Unión Europea no ha llegado a un acuerdo acerca del sector musical ya que algunos de sus miembros están interesados en abrir mercados, aunque la UE no tomará de momento una posición activa. La UE también parece estar interesada principalmente en proteger sus propios intereses culturales, no en educar y apoyar a otros países en vías de desarrollo que se encuentran bajo presión para establecer compromisos.

 

3. Traer el tema de la diversidad cultural al interior de la OMC es visto por los actores principales y por otros como una iniciativa que podría incrementar la oposición política al esfuerzo conjunto de la OMC por liberalizar el comercio de bienes y servicios. En muchos aspectos, todas las partes ven con buenos ojos que los debates sobre diversidad cultural sean llevados al seno de la UNESCO. Esto aplica igualmente tanto a los simpatizantes como a los opositores de la Convención, ya que ambos tienen sus propios intereses en la OMC y no quieren que este problema político frene los avances. Los miembros de la RIPC parecen tener escaso interés por trabajar de manera concertada en Ginebra para apoyar el proceso de la UNESCO.

 

Pronto se podrá tener acceso a las copias de todas las presentaciones del seminario de la RIDC en el sitio Web de la RIDC.

 

2. El Proceso de la UNESCO

Se hace público el borrador consolidado del Director

 

El 21 de abril, el director general de la UNESCO, Sr. Koïchiro Matsuura, presentó al Comité Ejecutivo de la UNESCO el texto del borrador consolidado de la propuesta de Convención sobre la protección de la diversidad de los contenidos culturales y las expresiones artísticas preparado por los miembros del gabinete del Comité Intergubernamental. En la reunión de febrero, el Dr. Kadar Asmal, presidente del Comité, recibió instrucciones de preparar un texto que hiciera converger todos los elementos de la discusión junto con la recomendación de seguir adelante. 

 

Este borrador fue preparado en una reunión en Ciudad del Cabo, en la que participaron el Dr. Asmal, Jukka Liede de Finlandia, el Presidente del Comité de Redacción; Artur Wilczynski de Canadà, el Relator del Comité; Mounir Bouchenaki, Director General adjunto para la Cultura de la UNESCO; y Katerina Stenou, Directora de la División de Políticas Culturales y Diálogo Intercultural.

 

El nuevo borrador está disponible en el Apéndice II del siguiente reporte:

http://unesdoc.unesco.org/images/0013/001392/139257e.pdf.

 

El Borrador del Presidente representa un paso importante en el proceso de elaboración de una posible Convención. El texto constituye una recomendación efectiva sobre todas las cuestiones pendientes. La RIDC preparará un análisis de este borrador previamente a la reunión intergubernamental que se llevará a cabo en París a partir del 25 de mayo.  

 

 

3.  El Comercio de Bienes y Servicios Culturales: una evaluación de la compatibilidad entre las reglas de comercio de la OMC y la convención sobre diversidad cultural de la UNESCO

Simposio de la Organización Mundial de Comercio, Seminario de la RIDC

 

Por Jane Kelsey

Miembro del Comité Directivo de la RIDC

Ginebra, 20 de abril de 2005

 

 

Soy originaria de Nueva Zelanda. La mayor parte de la gente de ese país sabe que Nueva Zelanda tiene tres objetivos principales en el comercio mundial y en la OMC – son la agricultura, la agricultura y la agricultura. No obstante, a pesar de dos décadas de políticas neoliberales que han transformado radicalmente a nuestro país, la vida en nuestro país sigue siendo algo más que mantequilla, borregos y mercados de exportación. 

 

Nuestro primer ministro actual, la Honorable Helen Clark, es una entusiasta de la cultura y se ha mantenido en el cargo de ministra de cultura desde que el Partido Laborista fue elegido en 1999. Su plataforma estratégica hablaba también de la necesidad de construir la nación, tras un período de destrucción espiritual de gobiernos orientados por los mercados.  

 

Uno de los puntales de la estrategia electoral de su gobierno fue la introducción de cuotas de contenido local obligatorias para el radio y la televisión de transmisión abierta, porque el volumen de contenido neocelandés en los medios de comunicación era el más bajo de cualquier nación industrializada. Poco después de las elecciones se le dijo a Helen Clark que no podía hacer eso porque Nueva Zelanda había hecho compromisos de acceso de mercados y de tratamiento nacional en el marco del GATS. Su respuesta fue:

 

Nos hemos desarmado a nosotros mismos en el área comercial, pero muy pocos han sido tan irreflexivos. Ahora sólo nos queda hacer llamados perfectamente legítimos para que haya contenido local, y la gente que nos dice: “No pueden hacer eso por culpa del Gats”. Esto se ve algo ridículo, sí que estamos buscando cuál es la mejor manera de manejar este asunto.’ (New Zealand Herald, 10 de abril de 2000). 

 

Al igual que nuestro primer ministro, muy pocos de los que se encuentran directamente involucrados en el sector cultural, tales como los profesionistas y productores, o simplemente aquellos que valoran la diversidad de la cultura como algo que enriquece nuestras identidades, nuestras comunidades y nuestras vidas individuales saben siquiera que existen tales compromisos comerciales. Quienes se enteran de ello expresan los mismos sentimientos que afectaron a Helen Clark.  La cultura es más que el sustento vital de los profesionistas o que los beneficios de las industrias culturales. Es el reflejo de diversas civilizaciones y un vehículo para la historia, el lenguaje, la poesía, la música y las historias que entretejen nuestras identidades y nuestras relaciones, que nos proporcionan maneras de mostrar nuestro carácter único y compartir la riqueza de la diversidad. Todos estos elementos deben ser celebrados y controvertidos – pero eso sólo es posible en un entorno que nutra el valor de la cultura por sí misma.

 

Tal como dijera Helen Clark, la idea de que los acuerdos comerciales puedan constreñir las legítimas decisiones estratégicas de los gobiernos que intentan promover y defender una genuina diversidad cultural es ridícula. Y sin embargo, a diferencia de Helen Clark, no estamos dispuestos a aceptar que las políticas culturales deban estar subordinadas a la garantía para la agricultura de acceso a los mercados. 

 

¿Qué forma adopta esta amenaza? Permítanme hablar aquí solamente del comercio de servicios, pero muchos de estos compromisos podrían fácilmente aplicarse a la inversión y a la participación financiera del estado. Los acuerdos sobre propiedad intelectual tienen en cierta forma implicaciones diferentes.

 

En primer lugar, ¿cómo es que la cultura cae dentro del marco de los acuerdos de comercio de servicios? Los compromisos de servicios se encuentran dispersos a través de un centenar de descripciones técnicas de productos – CPC. Ha habido una tendencia en el debate sobre la cultura a enfocarlo en la clasificación más obvia de servicios audiovisuales y sus subtítulos de producción, distribución, exhibición y transmisión. No obstante, los servicios recreativos, culturales y deportivos se aplican al entretenimiento, las agencias de noticias, las bibliotecas, los museos, los archivos, el deporte y las actividades recreativas, y otros servicios culturales. Los servicios profesionales incluyen la arquitectura, la planeación urbana y el diseño de paisaje. Investigación y desarrollo tiene una subcategoría para las ciencias sociales y las humanidades. Otros servicios para negocios incluye la publicidad, la fotografía, la imprenta y la publicación, así como la traducción. 

 

Así pues, lo que la gente percibe como un servicio unitario e integral, como una novela, puede ser desagregado en una serie de subsectores que incluyen la escritura, la impresión, la publicación, la fotografía, la traducción, las agencias noticiosas, la publicidad, los servicios financieros, la venta de menudeo, la distribución y el transporte. Cuando se pide a los gobiernos que hagan compromisos totales de tratamiento nacional y acceso de mercado en estos sectores, se les está pidiendo que garanticen a las compañías extranjeras un acceso irrestricto y los derechos de operación en todas estas actividades.

 

Pero incluso esta lista lleva a confusión, puesto que ignora el espectro de financiamiento, la producción, la distribución y el intercambio a través de los cuales las corporaciones e inversionistas trasnacionales dominan el sector cultural. Las estrategias y políticas corporativas en sectores genéricos de servicios como la venta de menudeo, el financiamiento, la distribución, las tecnologías de la información, los bienes raíces, la consultoría, los servicios financieros, las telecomunicaciones y el comercio electrónico determinan cada vez más ciertas prácticas en el seno del sector cultural. En este sentido el comercio electrónico reviste particular importancia. Porque prácticamente todos los bienes y servicios culturales sen actualmente creados, producidos, distribuidos, exhibidos y preservados en forma digital. 

 

Un ejemplo del poder de las estrategias corporativas es el gigante norteamericano de la venta al menudeo, Walmart, que elige la música, los libros, las revistas y los videos que quiere vender. Como tiene la parte dominante del mercado, puede efectivamente determinar el contenido de esos productos. Un productor musical de EMI citado por BusinessWeek (6 de octubre de 2003) aseguraba que es imposible llevar a un artista al público mayoritario si no se tiene de su lado al jugador más importante de la venta al menudeo. Las principales compañías disqueras proveen a Walmart con versiones higienizadas de los mismos escabrosos CDs que suministran a las estaciones de radio, mientras que las revistas y los títulos editoriales son sometidos a investigación para adecuarse al código de ética definido por la propia corporación. La expansión internacional de Walmart, que incluye algunos senderos desbrozados en China, le dan un enorme poder potencial en materia de cultura en el mundo entero. No obstante el CPC más relevante para Walmart es Servicios de distribución: venta al menudeo. 

 

De lo cual se infiere que resulta técnicamente imposible aislar los servicios culturales entre las clasificaciones comerciales del GATS. Es también muy difícil predecir las implicaciones y las aplicaciones a futuro de los compromisos que se están estableciendo en la actualidad. Hay muchos ejemplos que podría traer a colación para ilustrar esto que conciernen a Canadá, a México, a Nueva Zelanda, a Corea del Sur, a Vanuatu. Permítanme citar tan sólo un ejemplo que a la vez pone de relieve la creciente importancia de los acuerdos bilaterales mientras las negociaciones para extender las reglas y programas del GATS se mantienen en gran medida paralizadas.

 

Tiene que ver con la dominación emergente de las tecnologías digitales. Pocos gobiernos anticipaban esto en 1994, al hacer sus primeros compromisos en el marco del GATS – ¡tal como lo han manifestado los Estados Unidos en relación con las apuestas por Internet! Los gobiernos que se preocupaban por proteger su sector cultural se concentraron principalmente en las categorías de CPC para los servicios audiovisuales. Las tecnologías digitales estaban cubiertas en aquella etapa por “otros servicios de telecomunicación” y por el acuerdo sobre derechos de propiedad intelectual (TRIPS). En 1998 el acuerdo sobre comercio electrónico que fue promovido por los EUA como condición previa para que el presidente Clinton asistiera a la segunda reunión ministerial de la OMC en Ginebra, estableció una moratoria para los aranceles aduaneros sobre transacciones de comercio electrónico. Esto fue complicado para quienes deseaban mantener cierto control doméstico sobre las representaciones culturales digitalizadas. Pero quedó también muy lejos de ser lo mejor para las corporaciones norteamericanas. 

 

Las exigencias norteamericanas de compromisos vinculantes en medios de comunicación digitales se han intensificado, especialmente en las negociaciones bilaterales, en las que puede ejercer una presión directa y crear precedentes acumulativos. En el acuerdo de libre comercio Chile-EU firmado en 2003, los EU estaban preparados para apadrinar la adopción de las protecciones existentes para los sectores culturales (conocidos como “punto muerto” (standstill). Pero exigían plenas garantías de acceso, no discriminación y regulaciones gobernadas por el mercado para sus compañías del campo digital en veloz expansión.  El aspecto de comercio electrónico de ese acuerdo fue redactado de una manera tan amplia que todos los productos vendidos o proveídos por vía digital, incluyendo los servicios culturales, estaban cubiertos. Esta es la primera prueba concreta de un cambio en la estrategia industrial y gubernamental de los EU.

Durante una conferencia organizada por la RIDC en Washington el pasado mes de enero, Bonnie Richardson, de la Motion Picture Association of America, afirmó que la industria y el gobierno no buscan más la desaparición de las cuotas de contenido existentes ni de las reglamentaciones de radio y televisión. Más bien intentan restringirlas a su espectro actual. El campo de batalla principal en lo cultural se está desplazando por lo tanto hacia los debates sobre telecomunicaciones y comercio electrónico.

 

Otras propuestas parecidas fueron objeto de una tenaz oposición por parte del sector cultural australiano en las negociaciones para un tratado de libre comercio Australia-EUA (AUSFTA / TLCAEU), que concluyó en 2004. Mientras que los EU argumentaban que los productos digitales son diferentes de los análogos, el gobierno australiano insistía en que era el mismo producto distribuido a través de una modalidad de entrega diferente. La Coalición Australiana para la Diversidad Cultural objetaba, infructuosamente, que incluso un acuerdo que llevara a un punto muerto le ataría las manos a los gobiernos australianos en cuanto a la posibilidad de adoptar cualquier política innovadora, incluyendo las estrategias para promover las industrias culturales digitales, y subcontrataría en Hollywood la creación de políticas culturales australianas. Usando las palabras del Representante Comercial de los EU, el tratado final “apela a que cada gobierno adopte protecciones de alta tecnología para los productos digitales tales como programas de cómputo, música, textos y videos, e invita a adoptar medidas para promover el comercio a través del comercio electrónico”.  

 

El TLCAEU también impuso onerosas disposiciones de punto muerto a los gobiernos australianos. No podían incrementar las cuotas de contenido local existentes. Si las cuotas fueran reducidas no podrían ser devueltas en lo sucesivo a sus anteriores niveles. Se aplicaron topes a las cuotas para la radio y la televisión de transmisión abierta. Se tomaron disposiciones para introducir cuotas basadas en los costos de producción para la ‘televisión de paga’, de hasta 10 por ciento para las artes, la programación infantil, los documentales y los programas educativos, con la posibilidad de incrementar las de la ficción a 20 por ciento siempre y cuando esta fuera ‘no discriminatoria’ y ‘no más impositiva de lo necesario’.  

 

Esto fue una concesión ante la presión constante del grupo de cabildeo cultural, apoyado por una campaña más general en contra del tratado. Pero el gobierno australiano señaló que el hecho de incluir esas disposiciones no indicaban una intención real de ponerlas a ejecución, a menos que la televisión de paga se volviera significativamente más influyente o se convirtiera en la forma dominante de comunicación masiva. Las cuotas no podían implementarse en los servicios de audio o de imagen a menos que el gobierno probara que no había contenidos locales fácilmente disponibles. No había excepción para la radio y televisión públicas, aparte de una exclusión general para las subvenciones y subsidios. La definición estándar que se cita como protección de los servicios públicos – ‘servicios dispensados en el ejercicio de la autoridad gubernamental’ – sólo aplicaría en los casos en que no hubiera elemento comercial ni competidores en el mercado. Hoy en día, no hay una sola televisión o radio pública y muy pocas bibliotecas y museos que podrían pasar esa prueba satisfactoriamente. 

 

En Nueva Zelanda, miramos con verdadera envidia a Australia con su radio y televisión públicas y sus realizaciones actuales, las noticias internacionales y los programas de SBS, la producción de películas emocionantes, el teatro, la música, las artes y los museos. Con frecuencia vamos allí a ‘consumir’ todo eso. Conocemos los peligros que representan los gobiernos ideológicamente orientados que hacen compromisos diseñados para amarrar agendas de estrategias neoliberales que consideran la cultura como una mercancía prescindible y comercializable. Muchos otros gobiernos tienen una pobre comprensión de lo que esto implica, o en el caso de países emergentes tienen que ceder a exigencias exorbitantes o permanecer fuera de la OMC, tal como le sucedió a Vanuatu.

 

Este año las negociaciones del GATS y el diluvio de arreglos regionales y bilaterales han intensificado la presión sobre los gobiernos para que suscriban la renuncia al derecho de establecer políticas y leyes que promuevan y protejan una auténtica diversidad cultural. Resulta hoy en día imprescindible reforzar la capacidad y la voluntad de los gobiernos para decir no – y no solamente en lo relativo a los servicios audiovisuales sino a toda la panoplia de compromisos que cancelan su espacio estratégico y la sostenibilidad de la diversidad cultural. Le cedo el turno a mis colegas para exponer algunas de las formas en que esto se está haciendo.

 

 

 

3.  Cine y Diversidad Cultural

 

Por su Excelencia Mohamed Tangi

Embajador del Reino de Marruecos en Canadá

Festival  Diverciné

Ottawa, marzo de 2005.

 

El cine, la cultura, la francofonía, la amistad – he ahí las cuatro palabras clave de nuestro encuentro el día de hoy. Estos temas son realidades que nos reúnen y valores que compartimos.

 

En primer lugar el cine. Sí, Marruecos, como Canadá y Francia y otros países francófonos, es un país de cine. Esecine que hace soñar y que proyecta una mirada sore las fracturas, los sufrimientos y las cicatrices de nuestras sociedades, ese cine que es también un inmensa ventana hacia el mundo que nos rodea, hacia el mundo en el que vivimos. 

 

La imagen, el cine tienen la facultad de engendrar el sueño, de apelar a la superación de sí mismo, de hacer posible, accesible y probable la apertura, la evasión y la alegría. Pueden revelar las peores cosas, engendrar espirales de odio, pero saben tamién forjar coluntades, crear solidaridades, construir los cimientos de una toma de conciencia mundial.

 

El cine, como aliado y como instrumento d la diversidad cultural, da prueba de su vocación para ilustrar la evolución de las sociedades, la riqueza de sus culturas. La cultura, por el hecho de reposar en lo que la filósofa francesa Simone Weil llamaba « el enraizamiento », se encuentra en el corazón de esa identidad colectiva, una identidad que surge del principio de los tiempos, pero que es tanto un proyecto comouna herencia, un proyecto fundado en valores, valores comunes, que trascienden las diferencias.

 

Me ditijo a ustedes en mi calidad de representante de un país convencido de la importancia fundamental de la cultura y de la diversidad de las culturas. La diversidad de las culturas expresa la propia singularidad de la aventura humana, hecha a la vez de unidad, unidad sagrada del género humano, de universalidad, universalidad de los derechos del hombre, y de diversidad, diversidad de las culturas, de las lenguas, de los usos, de las costumbres. Esa diversidad no es una invitación a que las culturas se encierren en sí mismas. Es incitación al intercambio, al diálogo, a la circulación de las obras, de las ideas, de los artistas, en un mundo abierto.

 

Marruecos ama el cine y le reconoce un lugar de gran importancia. Marruecos expresa claramente su voluntad decidida de avanzar en la consolidación de sus logros en el campo de la cinematografía, considerado como uno de los proincipales vectores de promoción de la actividad cultural, pilar esencial del proyecto de sociedad democrática y modernista que encabeza, con determinación, nuestro joven rey Mohammed VI. De acuerdo con múltiples observadores, el cine marroquí ha conocido en estos últimos años un desarrollo considerable. La producción cinematográfica en Marruecos, que inició en forma tantaleante en los años 50, ha experimentado una importante evolución. De 1999 a 2004, el promedio de producciones alcanzó los ocho filmes por año, cuando hasta tiempos muy recientes el estreno de dos películas constituía de por sí una gran realización. Marruecos proyecta alcanzar una producción de 20 películas al año en los tres años siguientes. Ese aumento cuantitativo se debe en particular a la creación del Fondo de apoyo a la producción cinematográfica, que aporta anualmente una suma de 30 millones de dinars para la producción de 7 filmes.

 

En Marruecos, estamos cada vez más conscientes de que el cine, además de ser una expresión y un vector cultural, puede generar una plusvalía económica, y hay estudios que demostraron que el 7o. arte forma parte de las industrias que contribuyen en la promoción económica y cultural, además de turística.

 

Marruecos, lugar igualmente apreciado para el rodaje de películas internacionales. Desde hace algunos años, varios realizadores renombrados han preferido filmar sus películas en el Reino, como por ejemplo la película norteamericana « Gladiador », con un costo de 130 millones de dólares. El presupuesto aplicado a la filmación en el Reino alcanzó 17 millones de dólares, cantidad erogada en su totalidad en Marruecos. Los atractivos de los sitios naturales y culturales del Reino y la presencia de estudios bien equipados enn el territorio permiten en la actualidad rodar al menos 20 películas por año. La ciudad de Ouarzazate se ha convertido así, desde hace algunos años, en la principal locación para la filmacióon de películas en el mundo árabe, en África y en Oriente Medio, así como en un polo cinematográfico de relieve internacional.

 

La viudad de Marrakech, por su parte, se ha visto honrada como sede, desde hace cuatro años, de un gran festival de cine. Marrakech, ciudad milenaria, encrucijada secular del acrisolamiento de culturas y civilizaciones diversas, dedica su festival a la diversidad cultural y se inscribe así en esa perspectiva histórica que siempre fue la suya. Ese festival, concebido como un ágora para un debate plural y enriquecedor, aspira a colocarse en la agenda de los grandes encuentros internacionales dedicados al 7o. Arte. Así pues, Marruecos no se conforma con ser únicamente una locación para rodajes, sino que decidió otorgar subvenciones a la producción nacional, instalar laboratorios, garantizar la capacitación de los mandos medios, alentar la coproducción y participar en los diferentes festivales del mundo.

 

Tenja, la película marroquí presentada en ese festival, presenta una nueva imagen del cine marroquí, abiertodefinitivamente a lo universal, e ilustra la renovación de la industria cinematográfica marroquí. Es el primer largometraje de Hassan Legzouli.

 

El Sr. Legzouli, nacido en Marruecos, llega a Francia a principios de los años 80 para estudiar matemáticas. Pero, por fortuna para nosotros, el joven estudiante se orienta muy pronto hacia el cine, y se integra en el INSAS, prestigiosa escuela bruselense. Tras varios cortometrajes, firma en 1998 un medio metraje presentado en el Festival de Namur, Cuando el sol hace caer a las gorrionres. Hassan Legzoudi presentó su primer largo metraje, que lleva por título Tenja. 

 

Y Por cierto, ¿qué significa Tenja ? Hay una gran leyenda en marruecos que cuenta que Noé, perdido en medio del diluvio, vio una paloma posarse sobre su arca. Vierndo que tenía lodo en sus patas, Noé empezó a gritar : « ¡Ten ja ! », que en árabe significa « la tierra está ahí, la tierra ha vuelto ». Esa es la leyebnda que los tangerinos cuentan para explicar el origen de su ciudad.  Y hasta aquí la leyenda.

 

 

 

  1. Eventos y Anuncios

 

Reunión semestral de la RIPC

9 de mayo de 2005

Bruselas, Bélgica

 

La diversidad cultural en las sociedades del conocimiento

San Petersburgo, Federación Rusa

17 de mayo de 2005

http://portal.unesco.org/culture

 

Conferencia nacional para la reforma de los medios de comunicación

Free Press

Mayo 13-15 de 2005

Saint Louis, E.U.A..

http://freepress.net/conference/

 

Reunión intergubernamental de expertos sobre la Convención preliminar sobre la Protección de la Diversidad de los Contenido Culturales y las Expresiones Artísticas 

25 de junio – 4 de mayo

París, Francia

http://portal.unesco.org/culture/

 

Estadounidenses para las artes

11 a 13 de junio de  2005

Austin, USA

www.artsusa.org/services/events/eventsa.asp?= de id 1521

 

Foro Cultural Mundial

4-7  de junio de 2005

Amán, Jordania

 

Dinámica de la comunicación: nuevas maneras y nuevos actores

Red de Culturelink

9-12 de junio de 2005

Zagreb, Croacia

http://www.culturelink.org/conf/clinkconf/

 

Simposio internacional sobre la diversidad cultural

28-29 de junio de 2005

Santiago, Chile.

 

Octava conferencia sobre la cultura europea

Centro de estudios europeos

26-29 de Octubre de 2005

Pamplona, España

http://www.unav.es/cee/pagina_9.html

 

Cumbre mundial sobre la sociedad de la información

16-18 de Noviembre de 2005

Túnez, Túnez

www.itu.int/wsis/

 

6tª reunión anual de la RIDC

17-21 de Noviembre

Dakar, Senegal

www.incd.net

 

 

The INCD would like to thank the Government of Canada for on-going financial support.