UN NUEVO INSTRUMENTO INTERNACIONAL PARA LA
DIVERSIDAD CULTURAL
PREGUNTAS Y RESPUESTAS
por Ivan Bernier
Para que un número importante de países esté de acuerdo en empezar a negociar un instrumento internacional para la diversidad cultural, dicho instrumento debe satisfacer una necesidad claramente identificada, llenar un vacío legal, fijarse objetivos claros, y aportar soluciones apropiadas, alcanzables a través de las normas que propone. Es por consiguiente importante asegurarse de que estos requisitos se cumplan. El propósito de este artículo es sugerir algunas respuestas a estas preguntas; respuestas que no se pretende que sean definitivas, sino que estimulen la discusión sobre los temas planteados.
El Punto de Partida: el Efecto de la Globalización en la Diversidad Cultural
Aunque la globalización es antes que nada y por encima de todo un proceso económico, es también un proceso cultural por los efectos que conlleva. Al engendrar una nueva estructura económica, basada principalmente en la competencia, y que tiende a imponer un molde comercial único a todas las expectativas de los ciudadanos en cuanto a sus diversos campos de actividad, la globalización favorece nuevas formas de organización social que ponen en entredicho las maneras tradicionales de hacer las cosas y la fidelidad a las previamente existentes. Si estos cambios disgustan a las personas, la misma globalización económica podría ser afectada por ello. El proceso económico de globalización y el cultural pueden consecuentemente considerarse como interdependientes, ya que el éxito de uno depende del éxito del otro.
Desgraciadamente hay muchas señales que estos dos procesos no están avanzando de la mano, y de que por ahora la globalización se está logrando en detrimento de la diversidad cultural. El fracaso de la tercera reunión ministerial de la OMC en Seattle en diciembre de 1999 constituyó un parteaguas para la apreciación de este peligro. Aunque la reunión falló por razones que van bastante más allá de las manifestaciones que la acompañaron, la dimensión de dichas manifestaciones puso claramente de relieve la muy real preocupación de la sociedad respecto a los efectos de la globalización. Aunque los numerosos grupos de interés que participaron en las manifestaciones tenían puntos de vista e intereses divergentes, a todos los animaba un deseo común de cuestionar un proceso de globalización basado exclusivamente en consideraciones mercantiles, que parecen escapar al control democrático real. Aunque las consideraciones culturales per se no estaban en el centro de atención durante los acontecimientos de Seattle (lo cual contrasta con los meses finales de la negociación de la Ronda de Uruguay en 1993 y con la negociación del MIA en 1998), para muchos observadores el discurso de la anti-globalización seguía siendo alimentado en gran medida por el ritmo y la magnitud de los cambios que la globalización impone a la sociedad, y por el consecuente sentimiento de que se está perdiendo las referencias culturales. Lejos de desvanecerse después de Seattle, este discurso no ha hecho sino aumentar en intensidad. Lo cual da a pensar, como lo sugiere Faouzia Zouari, que "[traducción] la precedencia que adquieren los imperativos económicos por encima de los valores sociales y políticos, apoyada en la prodigiosa expansión de la autopista de la información, está amenazando a las identidades nacionales, a veces forzándolas a atrincherarse, e incluso a defender agresivamente contra-modelos."
Es importante agregar, sin embargo, que aun cuando la globalización está cambiando las culturas nacionales en el sentido antropológico y sociológico, esto no significa que deba rechazarse cualquier iniciativa política que pudiera influir en estas culturas de una u otra forma. Afirmar lo contrario sería intentar congelar la cultura y la identidad nacionales y prestarles un significado que sólo beneficiaría a aquellas personas que quisieran convertirlas en instrumentos de mando político. Cualquier cultura nacional que deba permanecer vibrante y viva debe adaptarse con el tiempo a una variedad de cambios, tanto internos como externos. El problema real que plantea la globalización para las culturas nacionales es si los cambios que provoca en los valores, estilos de vida, y maneras de hacer las cosas restringen la oportunidad de "[traducción] promover y mantener un espacio público y plural al que los ciudadanos pueden acceder, y participar así en la vida cultural, lo cual es en sí necesario para la vida pública." En otras palabras, no se trata de saber si la liberalización del comercio, con su subyacente espíritu comercial, afecta los valores y estilos de vida tradicionales, sino si esta liberalización es entendida y deseada por los ciudadanos y si deja bastante espacio, más allá de la simple relación productor-consumidor, para la expresión democrática de las opciones culturales que estos ciudadanos desean ejercer.
Por otro lado también, no hay señales de que, tras evaluar los resultados, la globalización esté teniendo un efecto positivo en cuanto al ejercicio del derecho a la expresión cultural, si se considera este problema desde el punto de vista de la producción nacional de bienes y servicios culturales. Hay al menos tres buenas razones para preocuparse. La primera preocupación, algo más antigua pero aún muy actual, se relaciona con el ingreso masivo de productos culturales extranjeros (películas, discos o CDs, libros etc.), que en cierta medida estrangula la producción cultural doméstica, privando con ello a las comunidades afectadas del discurso simbólico esencial para su propio desarrollo. Esto es tanto más alarmante cuanto que los creadores de cultura y los intermediarios culturales desempeñan un papel importante en la adaptación de las culturas al cambio, al crear un espacio en el que los valores nacionales y los valores extranjeros, así como los valores y comportamientos del pasado y del futuro, pueden confrontarse entre si. La segunda preocupación tiene que ver con la concentración de la producción y con el mercadeo de productos culturales realizados por grandes consorcios industriales, y la consecuente estandarización de la expresión cultural, bajo la influencia de imperativos mayormente comerciales. La tercera y más reciente preocupación se refiere a la exclusión del espacio cultural internacional, tal como está siendo construido actualmente a través de las nuevas tecnologías de la información (el Internet, etc.). A pesar del gran número de oportunidades que estas nuevas tecnologías aportan a la expresión de la diversidad de las culturas, existe el muy real peligro de una profunda brecha digital entre los países que tienen acceso a estas tecnologías y aquellos que no lo tienen. En los tres casos, es el derecho básico a la expresión cultural lo que está en juego.
Deficiencias en los Instrumentos Existentes
Como puede verse en el Catálogo de Instrumentos Internacionales Relativos a la Cultura , hay ya un número impresionante de instrumentos multilaterales, bilaterales y regionales que se ocupan de la cultura. Sin embargo, la inmensa mayoría ignora por entero el problema de la conservación de la diversidad de la expresión cultural ante la creciente globalización de la economía. En particular, debe señalarse cinco deficiencias a este respecto:
- La falta de una visión comprensiva del efecto de la globalización sobre la diversidad cultural. La más grave y obvia deficiencia reside en el hecho que los instrumentos existentes llevan a cabo un acercamiento fragmentado al problema de la conservación de la diversidad cultural, abordándolo desde perspectivas diversas, como los derechos humanos, los derechos de propiedad intelectual, la protección del patrimonio, las políticas culturales, los derechos lingüísticos, el pluralismo cultural, el desarrollo cultural, la cooperación cultural internacional, etc., Lo que está faltando es un instrumento como el que se refiere a la bio-diversidad, que pueda identificar claramente la naturaleza de la amenaza que la globalización representa para la diversidad cultural, y establecer principios y reglas que garanticen la preservación de dicha diversidad. Aunque la globalización tiene un cierto potencial en este campo, plantea también graves peligros que deben ser considerados.
- La dificultad de enfrentar el problema comercio/cultura de manera frontal. La mayoría de los instrumentos que atañen a este problema (y no hay muy muchos) se limitan a declarar que los productos culturales no son productos como cualquier otro. Uno podría responder que si esto sucede, es debido a la falta de un consenso sobre este problema, y que el verdadero desafío consiste en crear un acercamiento entre la perspectiva comercial y la perspectiva cultural. Hay algo de verdad en esto, pero para lograr semejante acercamiento, la perspectiva cultural debe expresarse primero abiertamente. Todavía pareciera como si todos tuviéramos miedo de decir que cada estado está facultado para determinar, desde el punto de vista cultural y en base a sus propias condiciones y circunstancias, las políticas necesarias para garantizar la preservación y promoción de la diversidad cultural, debido a la preocupación de que la liberalización del comercio en el mundo podría verse entorpecida. No obstante, tal como lo vimos hace un momento, la expresión cultural es un factor importante para la capacidad de las diferentes culturas de adaptarse a los cambios impuestos por la globalización. Plantear la cuestión de la relación entre cultura y comercio exclusivamente desde el punto de vista del comercio es sujetar la cultura a los imperativos comerciales y por lo mismo impedirle desempeñar su propio papel. El resultado último de este planteamiento sería probablemente el deterioro tanto de la diversidad cultural como del comercio internacional.
- La insuficiente importancia atribuida al desequilibrio en los intercambios culturales internacionales. Este desequilibrio, que es particularmente pronunciado en el campo audiovisual, aparece en los intercambios culturales tanto de los países en vías de desarrollo como de los desarrollados. Los países en vías de desarrollo, por su parte, tienen generalmente mercados domésticos con recursos bastante limitados y dependen normalmente, en lo que toca a la mayoría de los productos culturales que consumen, de las importaciones a partir de unos cuantos países desarrollados o en vías de desarrollo. Lo mismo es cierto respecto a los intercambios entre los países desarrollados, donde la predominancia de uno o varios países en sus mercados domésticos generalmente se logra a costa de las producciones extranjeras. En estos casos las importaciones a partir de países en vías de desarrollo son casi inexistentes. En ambos ejemplos, la diversidad cultural se ve dañada, no sólo en la expresión de las culturas nacionales, sino también en su apertura hacia otras culturas extranjeras.
- Consideración insuficiente de las necesidades locales. La diversidad cultural no sólo se encuentra en el ámbito nacional e internacional, sino además en el ámbito local, y es importante concederle una mayor importancia a los crecientes problemas locales. Podría ser interesante agrupar las experiencias de varios países en este campo (Greg Baeker, Inventario de la Diversidad Cultural: Desafíos y Oportunidades).
- Textos básicamente declarativos. En términos generales, es posible reagrupar los diversos tipos de instrumentos internacionales existentes en el campo cultural, en dos categorías distintas: los instrumentos que no son considerados como una obligación legal (las declaraciones, resoluciones, planes de acción, recomendaciones, principios y lineamientos); y los instrumentos que conllevan una obligación legal (estatutos, protocolos, convenciones y tratados). En la práctica, las dos categorías de instrumentos han sido utilizadas en forma semejante, pero cuando se usan instrumentos que conllevan una obligación legal, éstos han conservado a menudo un carácter principalmente declarativo. Si el nuevo instrumento quedara limitado desde un punto de vista formal a una simple declaración, podría terminar en la misma posición que un gran número de instrumentos que, por muy útiles que puedan ser, realmente no responden al desafío de la globalización. Lo que se necesita, como mínimo requerido, es un instrumento que refleje el compromiso positivo de los estados signatarios para emprender acciones en favor de la diversidad cultural y que contenga un mecanismo para supervisar dicho compromiso.
Es obvio que un solo instrumento internacional en materia de diversidad cultural no puede resolver todas y cada una de las deficiencias. Ya veremos qué decisiones será necesario tomar para satisfacer las necesidades más urgentes. Es importante, no obstante, que el instrumento propuesto pueda ser objeto de futuras adecuaciones para que en un futuro sea posible ocuparse de todas las deficiencias.
Los Objetivos del Nuevo Instrumento
Los objetivos de un instrumento internacional generalmente se establecen en el preámbulo. Se puede distinguir entre objetivos principales y secundarios. Los primeros expresan el propósito fundamental del instrumento (p.ej. la liberalización de comercio en el caso de la OMC), mientras que los segundos se refieren al resultado esperado del logro de los objetivos principales (elevación del nivel de vida, tasa cero de desempleo, y aumento del comercio, en el caso de la OMC). En lo que concierne al nuevo instrumento para la diversidad cultural, se sugieren los objetivos siguientes, a la luz de las observaciones formulada en las páginas anteriores.
- Garantizar que la diversidad cultural sea preservada y promovida ante el desafío planteado por la globalización, en el entendido que la diversidad cultural implica la preservación y promoción de las culturas existentes y de la mayor apertura posible hacia otras culturas. Éste es el objetivo supremo del nuevo instrumento. Puesto que responde a un problema que es antes que nada y por encima de todo cultural, este hecho debe reflejarse claramente en su contenido en lo tocante a la normatividad.
- Proporcionar un conjunto de principios y disciplinas que contribuyan a hacer de la diversidad cultural un instrumento para la expresión democrática, la cohesión social y el desarrollo económico. Aunque el objetivo principal del nuevo instrumento sigue siendo la preservación y promoción de la diversidad cultural, no deja de ser verdad que la diversidad cultural desempeña un papel instrumental importante en el logro de otros objetivos sociales, como la expresión democrática, la cohesión social y el desarrollo económico. Este papel también debe encontrar su expresión en el nuevo instrumento, aunque no debe por ello volverse un instrumento para la gobernabilidad democrática o el desarrollo económico por sí mismos.
- Mantener un mecanismo para supervisar el cumplimiento de los compromisos hechos por las partes signatarias. Este objetivo se plantea como una respuesta parcial a las opiniones críticas que afirman que los instrumentos culturales existentes son ineficaces.
Áreas de prioridad
Mientras que reconocemos la importancia de emprender medidas para la conservación y promoción de la diversidad cultural en todas partes (i.e. tanto en el ámbito internacional como en los ámbitos nacionales y locales), parece ser esencial en esta fase que se emprendan acciones principalmente en las áreas que presentan una necesidad más urgente ante la globalización. Por consiguiente se sugieren las áreas de prioridad siguientes.
- Una primera área prioritaria es la acción gubernamental para garantizar una expresión cultural vigorosa y diversa en el ámbito nacional. Además de responder a un derecho fundamental de los individuos y las comunidades, esta acción es esencial para la cohesión social y para que la democracia pueda funcionar en el marco del estado. En lo que toca a las acciones que pueden tomarse, éstas apoyarán las medidas adoptadas por diversos países (medidas que se habrán identificado en informes elaborados por ERICarts). El instrumento considerará una variedad de políticas que podrían ser aplicadas por el estado para alcanzar sus objetivos culturales, insistiendo al mismo tiempo en el derecho de cada estado para escoger las medidas que juzgue más adecuadas en relación a sus propias circunstancias y condiciones.
- Una segunda prioridad es la apertura a las producciones culturales extranjeras. Esta área complementa naturalmente la primera, puesto que las culturas muy a menudo se desarrollan y evolucionan gracias a su contacto con otras culturas. También se reconoce ampliamente que el contacto entre las culturas contribuye de forma importante al desarrollo de la creatividad "como habilidad para resolver problemas en otros términos que los puramente 'culturales'." En este sentido se podría decir que los problemas que también se suscitan respecto a la preservación de la diversidad cultural afectan las oportunidades de que la creatividad fructifique y, a fin de cuentas, el mismo desarrollo económico . Entre los tipos de acción que podrían ser considerados, podríamos mencionar medidas para facilitar intercambios, medidas para estimular el consumo de una variedad de productos culturales, acuerdos de cooperación cultural, co-producción y co-distribución , así como una mayor supervisión de las posiciones dominantes en los mercados domésticos.
- Una tercera área de prioridad es tomar en cuenta las necesidades particulares de los países en vías de desarrollo. Estas necesidades incluyen tanto el desarrollo de una capacidad de expresión cultural dentro de estos mismos países como la apertura de mercados en los países desarrollados para los productos de los países en vías de desarrollo y para los creadores de estos productos. Estas necesidades son particularmente urgentes ante el advenimiento de la nueva sociedad de la información. Aunque el surgimiento de la sociedad de la información incrementará probablemente la capacidad de acceso a la información de los países en vías de desarrollo y les brindará una oportunidad de desarrollar su industria de programación, cuyos productos reflejen la riqueza y diversidad de sus culturas, la cuestión real que se plantea para otros muchos países en vías de desarrollo, dada la precariedad de sus comunicaciones e infraestructuras de telecomunicación, es simplemente la de saber si podrán participar en absoluto. Se puede considerar diversos tipos de intervención en este campo, desde la discriminación positiva en favor de los productos culturales de los países en vías de desarrollo (como ya se practica, de acuerdo con el Sistema Generalizado de Preferencia para los países en vías de desarrollo), hasta el establecimiento de mecanismos para proporcionar ayuda técnica y financiera, sin olvidar la exigencia reiterada de los países en vías de desarrollo de que se tomen medidas para facilitar la circulación internacional de sus creadores.
- Una última área de prioridad la constituyen las medidas necesarias para garantizar la supervisión flexible, eficaz de los compromisos adquiridos por las partes. Estas medidas responden a la necesidad claramente identificada de un instrumento con obligatoriedad legal que fuera más allá de las simples declaraciones. Aunque las partes estén de acuerdo, de buena fe, en respetar sus compromisos, es claramente necesario contar con un mecanismo que haga posible, en la mínima medida requerida, evaluar el progreso realizado en pro de la aplicación del instrumento. Este mecanismo podría tomar la forma, por ejemplo, de informes periódicos presentados por las partes sobre las medidas tomadas y las dificultades enfrentadas para llevar a efecto sus compromisos. Podría considerarse otras posibilidades, como un foro permanente sobre la diversidad cultural o una agencia para monitoreo de la diversidad cultural.
Ideas sobre la Arquitectura del Instrumento
Además del preámbulo que describe los fundamentos del nuevo instrumento y sus objetivos, el nuevo instrumento debe incluir también, a juzgar por las discusiones de la reunión del grupo de expertos realizada en París en diciembre del 2000, una primera parte, de naturaleza educativa y declarativa, que explique en términos sencillos por qué es necesario emprender acciones para preservar la diversidad cultural. (Los argumentos principales son el argumento cultural, que se refiere en lo particular a los derechos culturales básicos, sobre todo el derecho de acceso a la propia cultura, el argumento democrático, que se refiere a los objetivos de participación, cohesión social y coexistencia pacífica, y finalmente el argumento económico, que se refiere a la contribución al desarrollo aportada por el capital cultural y la diversidad creativa). Esta primera parte también debe contener una serie de definiciones de los términos principales empleados, incluyendo el de cultura, el de diversidad cultural, el de comunidades culturales, y el de industrias culturales.
Los contenidos reales de normatividad del instrumento podrían estructurarse de varias maneras. Podrían estructurarse, en primer lugar, en base a los asuntos contenidos en los "paquetes" elaborados durante la última reunión del grupo de trabajo en París. Como se recordará, estos asuntos tenían relación, entre otras cosas, con la preservación del patrimonio cultural, el reconocimiento del papel de los artistas y de la creación cultural, la protección de la propiedad intelectual, el reconocimiento de la naturaleza especial de los bienes y servicios culturales, el desarrollo cultural, las relaciones entre mayorías y minorías, el interculturalismo y el multiculturalismo, así como el respeto de los derechos humanos. Sin embargo, parece haber demasiados asuntos en este punto, y éstos parecen, a primera vista, ser demasiado dispares para servir, en su forma actual, como base para un texto coherente y, eficaz sobre la diversidad cultural.
En segundo término, podrían estructurarse los contenidos de normatividad, en base a los diferentes tipos de intervención necesarios para alcanzar el objetivo fundamental del instrumento, es decir la promoción y preservación de la diversidad cultural. El instrumento propuesto podría distinguir, en lo que a esto se refiere, entre la intervención destinada a defender los derechos individuales de respeto a la cultura (la no-discriminación, la libertad de expresión cultural, el derecho de participar en la vida cultural de la propia comunidad), la intervención destinada a la promoción y al desarrollo de las identidades culturales (acción afirmativa en favor de comunidades culturales), y finalmente la intervención destinada a la preservación de la diversidad cultural en el ámbito internacional (acción afirmativa en favor de países en vías de desarrollo, el derecho del estado para intervenir en favor de la conservación de su propia identidad cultural cuando esta identidad se ve amenazada).
Finalmente, los contenidos de normatividad podrían estructurarse en base a las áreas de prioridad sugeridas previamente, lo cual tiene la ventaja de apegarse más estrechamente al objetivo general del instrumento, a saber la preservación y promoción de la diversidad cultural ante la globalización.
Sea cual sea la elección que se haga, es primordial que el instrumento, en su parte normativa, establezca un vínculo directo entre los objetivos, los principios que subyacen a la realización de dichos objetivos y finalmente las medidas o acciones necesarias para alcanzar esos objetivos.
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